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Montessori y las Teorías X e Y

 Douglas McGregor, una de las figuras más influyentes de la gestión de recursos humanos, formuló en su obra El lado humano de las organizaciones (1960) dos teorías de administración (teoría X y teoría Y) que tienen implicaciones significativas sobre la manera como se maneja la organización y cómo responden los miembros de la misma a los estilos. De forma esquemática:

  • Teoría X: A los seres humanos  por término medio no les gusta trabajar y corresponde a la Dirección motivarlos o forzarlos a ello.

  • Teoría Y: El trabajo es natural y agradable para el ser humano, especialmente si puede usar sus talentos, como la imaginación y la creatividad en él.

Trasladado al ámbito educativo, cada una de esas teorías se constituyen en la creencia personal del profesor sobre la naturaleza humana, en especial la infantil. El partidario de la teoría X gestionará por medio de amenazas, promesas, premios y castigos. Por el contrario, el partidario de la teoría Y esperará que el niño trabaje de forma espontánea, alegre y usando sus capacidades.

Ambiente de trabajo infantil
Ambiente de trabajo infantil

El enfoque suavizado de la administración empresarial de la teoría Y puede verse corroborado en el ámbito pedagógico, en el funcionamiento de un ambiente preparado como el de Casa dei Bambini, en la observación de los niños pequeños, que desde bebés intentan hacer las cosas por sí mismos, incluso contra los adultos que no los dejan. La teoría Y se ve reflejada en las siguientes citas de María Montessori, de unos 60 años antes:

“Toda la vida del niño es un proceso hacia la perfección, hacia una mayor plenitud. Basta esta observación para deducir que el niño puede encontrar alegría en el cumplimiento de una función de desarrollo y perfección. El tipo de vida del niño es una vida en la que el trabajo, el cumplimiento del propio deber, producen alegría y felicidad, mientras que para el adulto el trabajo generalmente representa una función más bien penosa. [La mente absorbente del niño, capítulo Una nueva orientación].

Un poco antes, en el capítulo de ese mismo libro dedicado a La Educación para la vida, traslada la idea marxista del obrero al campo del niño, afirmando que “el niño es un obrero y la finalidad de su trabajo es producir al hombre“. El trabajo del niño entonces, es un trabajo de autoperfeccionamiento para construir al hombre, no es un trabajo productivo en sí. Por tanto, la recompensa es interna, y no externa. La fuerza vital que guía de forma activa al niño hacia su propia evolución, llamada por Percy Nunn HORME, podría dejar su huella en el adulto desarrollado que disfruta de su capacidad para crecer, que la cultiva y utiliza para su propio bien y también para el bien de la organización a la que sirva. Entonces, el adulto construido con éxito por el niño, conserva el amor por el trabajo al que le debe la existencia.

X, Y, Cromosomas
X, Y, Cromosomas

La teoría Y nos dice que las personas practicarán la autodirección y el control de sí mismas en vista de los objetivos que acepten, y la principal razón por la que un adulto acepta unos objetivos es por autorrealización. La libertad para usar el ingenio y la creatividad propias para la consecución de unos fines aleja la evitación de la responsabilidad, la falta de ambición y la importancia concedida a la seguridad, que según la teoría montessoriana, no son inherentes a la naturaleza humana. Serían producto de las (malas) experiencias vividas a lo largo del desarrollo,  en realidad, las experiencias cuando hemos sido dirigidos desde los presupuestos de la teoría X.

Entrarían dentro de la teoría X aplicada al sistema educativo: el sistema de evaluación y calificaciones, el microcontrol de las tareas (por ejemplo, los deberes), los horarios fijos y el encuadre del conocimiento en asignaturas predefinidas. Todos los mecanismos, en fin, que presuponen que los niños son pasivos y se resisten a los fines educativos, carecen de iniciativa y se oponen al cambio, y por tanto, deben ser persuadidos,  recompensados o castigados, según el caso.

La horripilante conclusión es que los adultos a los que de verdad no les gusta el trabajo, no es que nacieran cansados, es que son productos incompletos o fallidos de un niño que no logró terminar su trabajo, debido a los obstáculos que la educación oficial, basada en la teoría X mcgregoriana, le ha presentado.

El inversor inteligente

La semana pasada Warren Buffett envió su carta anual a los accionistas de su Berkshire Hathaway Inc (BRK/A). En esa carta, además de la habitual sabiduría práctica que transmite, Buffett afirma que la mejor inversión de su vida (aparte de sus dos matrimonios) fue el libro “El inversor inteligente” de Benjamin Graham.

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Graham fue profesor de Buffett, y tuvo tal influencia sobre él que éste llamó a su hijo Howard Graham Buffett en su honor.

Algunas de las ideas que Graham desgrana en este libro giran en torno a “Mr. Market”, un personaje maniaco-depresivo que se debate entre el optimismo y el pesimismo extremo. El trabajo del inversor es adivinar, al margen del valor de una compañía, cuándo el mercado ofrece chollos y cuándo los precios son inasumibles.

Graham desarrolló un método para evaluar el precio de la acción y de los bonos, estableciendo lo que llamó el “valor intrínseco” de una acción. Los inversores deben calcular también un “margen de seguridad” por si los mercados o la economía caen.

Bloomberg da una lista de grandes inversores que rinden tributo a este libro de 1949. Por ejemplo William Miller, conocido por batir el SP500 15 años seguidos con su fondo Legg Mason Capital Management Value Trust (LMVTX), resume la obra en la siguiente frase: “Según Graham, debes comprar acciones como si  compraras verduras, no como si compraras perfume“. Para él, esta frase lo hizo todo real, emocional e intelectualmente.

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Howard Marks (presidente del Oaktree Capital Group) asegura que se trata de la primera vez que alguien habla de inversiones desde el punto de vista de la conducta (y sería por tanto la primera asunción de Behavioural Economics). Para él la lección más importante de Graham en esta obra es que hay que vender cuando la masa enloquece comprando y comprar cuando se desaniman y venden.

Para David Herro de Harris Associates LP (nombrado gestor internacional de la década en 2010  por Morningstar), el mejor consejo de Graham es establecer el valor de la acción y comprarla cuando tiene descuento, observando el estado de ánimo del mercado.

 

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Aunque aplicase la determinación de valor con métodos algo desfasados (basándose excesivamente en los activos de la compañía y no tanto en el cash flow o en la calidad del producto) la visión de Graham de desmarcarse de la hipótesis del mercado eficiente (base de la especulación en bolsa) resulta sumamente actual. Él no ve la inversión en bolsa como una especulación, sino como un negocio al que se debe aplicar el sentido común. No nos interesa si el mercado es eficiente o no, solo nos interesa su humor.

También debemos a Graham el adagio: “Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”.

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