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Librarse de las deudas es saludable

Hoy te traigo una buena noticia – te vas a librar de tus deudas. Lo que no sé decirte es cuándo. ¿Dentro de 10 años, 20 años, o 2 años? Seguro que no te gusta pagar tantísimo dinero para sufragar los intereses de tus deudas, pero es tentador olvidar esas cifras y disfrutar del dinero ahora aunque esto signifique pagar mucho más en el futuro.

Por ejemplo, un pŕestamo de 60.000 euros a 15 años al 4%, tiene inicialmente unos recibos compuestos por unos 240 euros de capital, y 200 euros de intereses. El peso del interés en el recibo va bajando pero hasta los 10 años no llega a “pesar” 100 euros. En total, cerca de 20.000 euros de intereses. Amortizar 5000 euros en este caso, manteniendo la cuota (que siempre interesa más que mantener el plazo) nos rebajaría el tiempo de 15 años a 13,4, es decir, unos 19 meses, lo que nos supone un ahorro en intereses que no estamos pagando de 3800 euros (¡a ver qué inversión tiene este ROI!).

El ABC de amortizar anticipadamente

Veamos algunos principios básicos de las deudas para ayudarnos a decirles adiós antes de 10 o 20 años, o por toda la eternidad que es como los bancos querrían que tuviésemos el plazo de los préstamos. Hablamos de la “deuda mala” o deuda que nos supone unos gastos excesivos y no nos reporta ningún beneficio, como podría ser el caso del apalancamiento financiero y otros.

En primer lugar hay que entender la mecánica y la psicología de amortizar deuda anticipadamente y sacarles partido para recortar años e incluso décadas de nuestro estudiado (por el banco) cuadro de amortización. Necesitamos una razón para quitarnos las deudas, y no vale cualquiera: debe estar alineada con tus prioridades y con tus valores para que funcione. Es similar a lo que ocurre con apuntarse al gimnasio. El mero propósito no basta, es necesario tener una buena razón para ir. Si la única razón que tienes es ahorrar más dinero cada mes (que no es una mala razón, la verdad), es muy difícil mantener la disciplina.

Encontrar una buena razón

Tiene que ser una razón más del tipo: quiero hacer un máster dentro de dos años y necesito 7000 euros para entonces (porque me lo financian pero al 15% de interés); quiero dejar de trabajar y dedicarme a pasar tiempo con mis hijos; quiero casarme y empezar una vida en común sin deudas. ¡Yo te doy ideas! Pero tú eres el que debe analizar las razones por las que no está dispuesto a pagar un 50%, 60%, 30% o lo que sea que pagues del recibo de tu préstamo en intereses para el banco. Merece la pena sentarse media hora y pensar en una buena razón concreta, normalmente aparecen tres o cuatro que nos motivarán para conseguir este objetivo.

La hora de la verdad

En segundo lugar, llega la hora de las preguntas con respuesta sincera. ¿Cuánto dinero debo actualmente? ¿A quién se lo debo? ¿Qué tipo de interés estoy pagando? ¿Cuánto dedico de mis ingresos a los gastos fijos y a los intereses de mis deudas? ¿Cuál me interesa pagar antes? ¿Dónde estoy dispuesto a recortar? ¡Saca un lapicillo y a escribir!

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Existen diversas estrategias para afrontar las deudas (esto es un futuro post), pero básicamente, y sin quebrantar el principio del fondo de emergencias, se trata de dedicar cada céntimo que tengamos a amortizar deuda, cuanto antes mejor. Lo más sencillo es aumentar los ingresos (¿un segundo trabajo?, ¿vender eso que tú sabes?) pero también es posible disminuir los gastos variables que tengamos para dedicar ese dinerillo a nuestra meta. Unas vacaciones más austeras, un rediseño del menú semanal, quitarse el canal plus y hacerse el carnet de la biblioteca aunque sea temporalmente…

Sea tu oráculo la mesura

Inspirándonos en esta cita de Tales de Mileto podemos descubrir las maravillas de la sobriedad y sus balsámicos efectos sobre el alma humana. Aquí tienen cabida tanto esos truquillos peseteros como amagar con un cambio de compañía telefónica para que nos rebajen las tarifas (y otros conocidos métodos lonchafinistas), invertir en bombillas led, y negarnos a comprar ropa hasta que nos deshagamos de toda la que tenemos, como el cambio de hábitos que nos pueden incluso mejorar la salud: dejar el coche y caminar o cambiarlo por una bici o el transporte público, salir al monte o al mar en lugar de visitar centros comerciales, cambiar el golf o la vela por salir a correr, o dejar de comer en restaurantes y pasarse a la comida casera. Vamos, ¡que librarse de las deudas además de barato es saludable!

Las cuatro formas de usar el dinero

Independientemente de cómo se consiga el dinero, a la hora de emplearlo existen cuatro maneras que debemos explicar a los niños. Tradicionalmente se ha enseñado a los niños, en el mejor de los casos,  que deben ahorrar (¿quién no tenía una hucha de la caja de ahorros local en su infancia?). En realidad, se pueden hacer más cosas con el dinero, y es importante que los niños sean conscientes de cuáles son estas formas (y a los adultos tampoco nos viene mal, la verdad).

Una vez que tenemos dinero en nuestra mano, podemos hacer cuatro cosas con él:

  • 1. GASTARLO – Dentro de esta modalidad de empleo del dinero, habría que hacer hincapié en la planificación, el consumo y el consumismo, el manejo de efectivo y las tarjetas de crédito, los pagos aplazados, la comparativa entre productos y servicios, la diferencia entre necesidad y capricho, etc.
  • 2. DARLO – Relacionado con los valores de generosidad y la solidaridad, habría que insistir en la bondad de permitir que el dinero fluya, haciendo el bien a otras personas, empleándolo para causas con las que nos sintamos conectados.
  • 3. AHORRARLO – Desde la hucha cerdito hasta la previsión de necesidades futuras, la importancia de disponer de recursos con una finalidad.
  • 4. INVERTIRLO – Transmitirles la noción de que el dinero puede trabajar para nosotros, explicarles los conceptos de interés, plazo y rendimiento, preparándolos para administrar los recursos de forma eficiente en las distintas opciones de inversión existentes, iniciarlos en la mentalidad empresarial.