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Libro: La formación del hombre (I)

Montessori escribió La formación del hombre en 1949, el mismo año que La mente absorbente, pero no se publicó hasta 1986. He utilizado para este trabajo un ejemplar de la 10ª impresión de la primera edición, Ed. Diana, México 2002, ISBN 968-13-1704-1.

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El libro se divide en dos grandes temas, que podrían ser dos libros en realidad, uno llamado PREJUICIOS Y NEBULOSAS y otro sobre el ANALFABETISMO MUNDIAL. De este último no haré un análisis profundo ya que aunque enlaza el tema con la adquisición del lenguaje y la explosión de la escritura, en realidad su propósito en este libro es “tratar solo de la actualidad que tiene el hacer desaparecer el analfabetismo de las masas” (pág. 151) y hace un resumen de las pautas que se deben seguir en el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura. Solamente me gustaría resaltar su opinión sobre un debate peliagudo en las escuelas: [El que no se correspondan fonéticamente todos los signos escritos del alfabeto con el lenguaje hablado es una dificultad que proviene de que el alfabeto no ha sido aplicado completamente y según su significado: pero esta dificultad se podría subsanar facilitando así la escritura. Porque no hay duda que los lenguajes, y su traducción en la escritura, están todavía evolucionando, están todavía perfeccionándose. esta es la razón por la que el aprendizaje de la escritura debería empezar por un análisis de los sonidos de las palabras, pues éste es el camino que hay que seguir (pág. 127)]. O sea, que hay que explicar que c y z se usan para el mismo sonido, y no empezar por asociar a una letra todos las realizaciones fonéticas posibles que tiene.

Volviendo al principio, hay que leer el título del libro teniendo en mente que ella consideraba al niño “el hombre” o “el padre del hombre” ya que de su interior debía emerger éste: [De hecho nosotros, hoy, en nuestros cursos más recientes, hemos llamado al niño: hombre (Pág. 15)]. En la introducción hace un pequeño resumen de la historia de su trabajo y de cómo ha evolucionado su aplicación por todo el mundo y a colectivos diversos. En general, está satisfecha pero “Es necesario sacar al método de su aislamiento; hacer que los investigadores lo aprecien; y sobre todo enseñarlo mejor y más ampliamente a los maestros” (pág. 11).

Lo que hay que considerar en un método educativo es:

importancia de la personalidad humana. Antepone la personalidad humana al método educativo, que define como “una ayuda hasta que la personalidad humana pueda conquistar su independencia, de un medio para liberarla de la opresión de los prejuicios antiguos sobre educación” (p.14)

– defensa del niño

reconocimiento científico de su naturaleza [La base de la reforma educativa y social, necesaria en nuestros días, se debe levantar sobre el estudio científico del hombre desconocido (pág. 14)]

proclamación social de sus derechos.

Montessori atravesó el mundo con el escenario de dos guerras mundiales y podemos pensar que vio todo tipo de barbaridades. Su descripción de la situación social que hace en este libro es estremecedora, habla de esclavitud, impotencia, bombardeos, hambre… [Las familias se dividen, se destrozan; los niños quedan abandonados y vagan en cuadrillas como salvajes (pág. 23)]. La situación intelectual no es distinta: [Los estudios son áridos, sin altura, fatigosos: tienen la única finalidad de ayudar a encontrar un trabajo, que a pesar de todo es incierto e inseguro]. A partir de aquí diserta sobre la nueva educación, del papel que ha de desempeñar en la reconstrucción del mundo, aprovechando el surgimiento de la psicología científica debe hermanarse a la pedagogía: [La pedagogía debe resurgir de la mano de la psicología, de esta psicología aplicada a la educación, a la que conviene pronto darle un nombre diverso: Psicopedagogía (pág. 28)].

Meninhos da rua
Meninhos da rua

Dentro del tema de PREJUICIOS Y NEBULOSAS hay tres apartados: los dos correspondientes a cada uno de esos conceptos, y uno anterior llamado LA REVELACIÓN DEL ORDEN NATURAL EN EL NIÑO Y SUS OBSTÁCULOS. En este narra el fenómeno de la explosión de la escritura  ocurrido 40 años antes en Roma, en la Casa dei Bambini, y cómo fue considerado “un milagro”, “un fraude”, “una insensatez”, etc. Para Montessori, se trató de una revelación, injustamente ignorada por la ciencia de la época, de que en el interior del niño se daban cita unas fuerzas naturales que le impulsan a aprender por sí solo: [Hay, pues, una energía interior que tiende a manifestarse por sí misma, pero permanece sepultada bajo las barreras del prejuicio universal. Hay una forma mental de la infancia que no ha sido reconocida nunca (pág. 40)].

Al preguntarse por la clase de memoria que permite a niños pequeños memorizar palabras larguísimas, “como si se esculpiera en su mente“, habla del Mneme, el concepto de la psicología de sus contemporáneos para la memoria inconsciente. Mnemea era la segunda de las musas (inspiradores de la creación artística) en la mitología griega, encargada de dar forma concreta a lo abstracto, de recordar y escribir lo que su hermana Meletea había pensado con anterioridad. Con Mnemea se materializan las ideas que han salido de la imaginación gracias a Meletea, y este trabajo es la base para que Aedea, la tercera hermana, lo ejecute en escena. [Se podría reconocer en la mente del niño de cuatro años una fase de desarrollo psíquico en el que el mneme se encuentra precisamente en el umbral de la memoria consciente, hasta llegar a confundirse con ella, manifestándose sin embargo como el último carácter de un fenómeno que tiene profundas raíces (pág. 44)]. El fenómeno al que se refiere es la fijación del lenguaje materno en la personalidad, como un carácter de la raza, mediante un proceso distinto al de la mente consciente. Mnemea es la que se encarga de escribir las ideas sin forma.

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Las tres musas, Mnemea sentada escribiendo a la derecha

Aunque no lo menciona, entiendo que este primer acercamiento a la forma en que el niño adquiere el lenguaje, constatado en la explosión de la escritura, e ignorado y ninguneado por los políticos, filósofos y científicos de la época, es uno de los prejuicios que ella intuye contra la infancia, y que considera un obstáculo a la comprensión de su trabajo. El siguiente capítulo, “La disciplina”, explica cómo los niños en un ambiente de libertad respetuosa, “dejados en libertad para elegir sus ocupaciones, para realizar sin molestarse sus propios ejercicios, se quedaban ordenados y silenciosos”. “No había ni enseñanzas, ni exhortaciones, ni premios, ni castigos, todo ocurría espontáneamente” (pág. 45). Asegura que la concepción que se tiene del niño que nace malo, caído en la desgracia del pecado original, o aun en Rousseau, que afirma que el hombre nace bueno, pero se estropea en contacto con la sociedad, es la base de la institución del castigo. El niño es un punto ciego en el corazón del hombre. [En los colosales e innumerables volúmenes de la historia de los hombres, no aparece nunca el niño[…]En el Paraíso Terrenal no está el niño (pág. 50)]