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5 formas de gastar menos… y seguir comprando lo que quieres

Estas son cinco sugerencias para adolescentes, para que aprendan a estirar el dinero que tienen, para que tengan suficiente cuando lo necesiten, para que sepan cuánto tienen y lo que realmente necesitan/desean comprar, y en definitiva para que consigan sus objetivos recortando en sus gastos. La forma de “venderles” estas ideas es haciendo hincapié en que deben practicar una administración inteligente del dinero porque no solo son inteligentes, sino que también merecen parecerlo, y que serán mucho más felices siendo responsables y creativos con el dinero.

Ratas de Skinner
Ratas de Skinner

1. Practica el auto-control. Lo sabes, los anuncios te incitan, tus amigos te empujan y en general el ambiente te educa para comprar cosas; las rebajas y las ofertas son una gran tentación. Así que lo mejor es que cuando vayas de compras:

– Te hagas una lista de la compra con lo que realmente necesitas (y luego no te salgas de ella!). ¿Sabes lo que es la venta cruzada, esa estrategia de marketing que aprovecha que estás comprando fresas, y te coloca al lado la nata montada, que te llevas sin mirar siquiera el precio o la marca?

– Antes de ir a comprar, fíjate un límite de gasto (5 o 10 euros por ejemplo) para “compras impulsivas“, es decir, cosas que no tenías previsto comprar pero que te han llamado la atención (ah, esa nata montada). Si encuentras algo que pasa de este límite, espera un par de horas o unos días y vuelve después.

– Lleva un máximo de dinero contigo. Cuanto menos lleves, menos gastas y si pierdes la cartera, pues menos pierdes.

2. Investiga antes de comprar. Sobre todo si es algo caro. En la era de las redes sociales puedes enterarte rápido de la opinión que tiene la gente sobre el producto que quieres comprar, y comparar los precios de este producto en distintas tiendas. Lee opiniones en foros y en revistas especializadas por Internet. Pregunta a expertos que conozcas sobre el tema (por ejemplo, si tienes un tío que sabe mucho de música, o de consolas). Considera la posibilidad de encontrar otro producto similar, pero más barato. Busca compras colectivas del producto, en páginas como Iqqual, o en la web de OCU en la que han organizado una compra colectiva de telefonía móvil. Todo esto se conoce como “Compra comparativa” y puede ahorrar muchísimo dinero y conseguir cosas de mayor calidad. Y si tienes claro lo que quieres comprar, puedes buscar cupones o descuentos.

Cupón de CocaCola del siglo XIX
Cupón de CocaCola del siglo XIX

3. Lleva una contabilidad de gastos. Esto parece poco divertido en un principio, pero te va a ayudar a controlar mucho los gastos, a planificarte y a no salirte de tu presupuesto. Puedes usar una libretita o mejor, el móvil, donde vas apuntando todos los gastos que vas haciendo. Al final de la semana puedes comprobar en qué se te va el dinero, quizá descubrirás que compras más refrescos de los que te imaginabas, y que con el dinero que gastas en eso te podrías comprar un móvil nuevo en tres meses.

4. Piensa en comprar cosas de segunda mano, y en alquilar en vez de comprar cosas nuevas. Reutilizar los recursos es genial: por ejemplo, sacar libros y multimedia de la biblioteca en lugar de comprarlos. Hay tiendas de segunda mano para adquirir todo tipo de cosas, y multitud de foros donde otras personas ofrecen las cosas que ya no quieren, y que en muchos casos están prácticamente nuevas (debido a las distintas estrategias de marketing que no han sabido evitar). Incluso puedes “trocar” tus cosas, por ejemplo videojuegos, con amigos, en clubs del colegio o en sitios especializados.

Pre-Loved Boutique
Pre-Loved Boutique

5. Cuida las cosas. Esta es muy obvia. Reemplazar las cosas sale caro; si se te rompen, se te pierden, o no las mantienes adecuadamente, tendrás que volverlas a comprar si las necesitas. Y aunque ya no las necesites, no podrás aprovecharlas ni reutilizarlas en buen estado (podrías revenderlas, obteniendo un ingreso, o dárselas a alguien que las necesite, realizando una buena acción).

Educación financiera casera en los primeros años

Cuando nacemos nuestros deseos coinciden con nuestras necesidades. Por eso, se recomienda criar a demanda, porque un bebé que pide alimento, agua, contacto con otro ser humano y esas cosas básicas que ellos piden, realmente expresa una necesidad perentoria que debería ser satisfecha lo antes posible.

El problema se puede presentar cuando lo que empieza a manifestar el bebé (o el niño, quizá puede ser este el hito que marca la diferencia) no son necesidades sino deseos, más o menos concretos, o directamente caprichos. ¿Qué ocurre si se le siguen satisfaciendo a demanda? ¿Puede entender que sus deseos son órdenes para nosotros? ¿Podemos ayudarle tan pronto a distinguir un deseo de una necesidad? Puedo recordar tres casos de gente que conozco que de adultos no saben distinguir un deseo de una necesidad, y ya que lo pienso, podría ser una buena explicación para los problemas que tienen.

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A partir de los 2 años podemos enseñar a los niños a distinguir las cosas que compramos porque queremos, porque las deseamos, de aquellas que compramos por necesidad. No, la cocacola no es una necesidad. La leche, sí. Con esta distinción tan básica y aparentemente clara forjaremos la base de su habilidad financiera. Mis hijos mayores, de 4 y  7 años, ya saben distinguir sus deseos de sus necesidades, o al menos, que yo no les trato de la misma forma cuando piden algo necesario o cuando piden un capricho. Hay zonas oscuras, por supuesto, y depende de la frugalidad o el hedonismo con el que vivamos consideraremos unas cosas necesidades o no, pero sin entrar en matices, hay ejemplos muy claros que son los que debemos usar con los niños.

Es conveniente también hacerles entender que es importante no desperdiciar el dinero. Que el dinero se acaba, si no generamos más (no sale de una máquina simplemente, antes lo hemos metido allí). Que antes de gastarlo podríamos pensar cómo ganar más para poder volver a tenerlo. Desde los dos años se les puede enseñar monedas y billetes y mostrarles las diferencias de tamaño y de color.

A partir de los 3 años nos pueden ayudar a hacer la lista de la compra, y a seguirla en la tienda. Si aún no sabe leer, se le puede ayudar con dibujos, o hacer una galería de fotos en el móvil y que él la vaya verificando en el supermercado. Además de mostrarles cómo evitar la compra impulsiva, los pequeños agradecen cualquier oportunidad de sentirse responsables de algo. Siempre que puedo les dejo la tarjeta o dinero para que paguen ellos, les aviso del cambio que les tienen que dar, y ponen cara de mayores y de importantes: les encanta.

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Podemos llamar su atención sobre las cosas caras y baratas, como un primer paso para la racionalidad a la hora de usar el dinero. Que nos ayuden a buscar la mejor oferta. Vamos a comparar precios. Un comentario como “Qué baratos están aquí los gusanitos, en el otro kiosco están más caros, aquí podemos comprar más con el mismo dinero” los deja pensando. “Quizá te gusten más los del otro kiosco, pero puedes elegir si los quieres más buenos o quieres más cantidad”. ¿Parece pesetero? La educación es frustración; cuanto antes les enseñemos a renunciar a unas cosas para conseguir otras, mejor (no me refiero a que no se pueda tener todo – mensaje negativo-, sino a la visualización de alternativas).

A partir de los 4 años podemos empezar a darles una pequeña paga semanal. Yo a los míos les doy un euro religiosamente los domingos, y les dejo elegir en qué se lo quieren gastar, aunque todas las semanas les aconsejo que lo guarden todo o al menos una parte en su hucha, para poder comprar algo más grande más adelante. A veces lo gastan todo, a veces tienen pensado en qué lo van a gastar antes de que les de su euro (como si pudieran comprar a crédito jeje), pero cada vez más a menudo lo atesoran hasta que lo meten en su hucha para ahorrarlo (tienen una competición para ser el primero en tener una tablet).

Aprender a manejar el dinero lleva tiempo y esfuerzo, no hay que desanimarse si “fallan”. Estos pequeños errores pueden servirles de pequeños escarmientos y evitarles otros más graves en el futuro. Como no reciben nada más que el euro (estoy atenta a no comprarles nada mientras están en el proceso de “invertir sus caudales”), saben que si lo gastan no tienen más hasta el siguiente domingo.

Y sobre todo hay que insistir, insistir, insistir y repetir las ideas para que vayan empapándose, a veces parece que no son lo suficientemente maduros para entender algunas cosas pero a base de repetirlas las fijan. También es fundamental mantener una actitud positiva hacia el dinero y llevar cuidado con los comentarios que hacemos sobre él, no olvidemos que la principal vía de aprendizaje infantil es el modelado por imitación.

Las cuatro formas de usar el dinero

Independientemente de cómo se consiga el dinero, a la hora de emplearlo existen cuatro maneras que debemos explicar a los niños. Tradicionalmente se ha enseñado a los niños, en el mejor de los casos,  que deben ahorrar (¿quién no tenía una hucha de la caja de ahorros local en su infancia?). En realidad, se pueden hacer más cosas con el dinero, y es importante que los niños sean conscientes de cuáles son estas formas (y a los adultos tampoco nos viene mal, la verdad).

Una vez que tenemos dinero en nuestra mano, podemos hacer cuatro cosas con él:

  • 1. GASTARLO – Dentro de esta modalidad de empleo del dinero, habría que hacer hincapié en la planificación, el consumo y el consumismo, el manejo de efectivo y las tarjetas de crédito, los pagos aplazados, la comparativa entre productos y servicios, la diferencia entre necesidad y capricho, etc.
  • 2. DARLO – Relacionado con los valores de generosidad y la solidaridad, habría que insistir en la bondad de permitir que el dinero fluya, haciendo el bien a otras personas, empleándolo para causas con las que nos sintamos conectados.
  • 3. AHORRARLO – Desde la hucha cerdito hasta la previsión de necesidades futuras, la importancia de disponer de recursos con una finalidad.
  • 4. INVERTIRLO – Transmitirles la noción de que el dinero puede trabajar para nosotros, explicarles los conceptos de interés, plazo y rendimiento, preparándolos para administrar los recursos de forma eficiente en las distintas opciones de inversión existentes, iniciarlos en la mentalidad empresarial.