La capacidad de ilusión está muy relacionada con la esperanza y el tiempo. Cuando hablamos de ilusionarse estamos haciendo referencia a la capacidad que tiene una persona de imaginar o esperar algo en un futuro no muy lejano.

En estás fechas tan festivas, algo que podemos ver en las caras de los niños es la ilusión, esa espera de regalos, va siéndoles recordada a través del entorno. Vemos luces de navidad y adornos navideños por todas partes. En sus escuelas, en las calles, en las tiendas todo se ve diferente y adornado de forma muy similar; todo les señala y les indica que próximamente llegarán los regalos.

La mayoría de los niños suelen reaccionar del mismo modo en estas fechas mientras en el extremo nos encontramos algunos adultos que detestan estas fechas por eso es importante no provocar que pierdan la ilusión.

Un niño es muy influenciable y si no cuidamos su ilusión podemos terminar por hacer que pierdan la ilusión por la Navidad en el futuro.

¿De qué está hecha su ilusión en Navidad?

Un componente importante en la ilusión; es la expectativa de que suceda lo que deseamos. El tener la certeza de que sucederá alimenta esa ilusión. Por lo tanto estamos atacando su ilusión si nuestro discurso está lleno de frases como “si no te portas bien no tendrás regalos”.

Los niños necesitan creer que eso que desean sucederá con seguridad; de lo contrario la fuerza de su ilusión se debilita; pues no tengo la más mínima esperanza de que lo que deseo suceda si el último día por los nervios me porto “mal”. Aquí la esperanza es la clave y por ello no puede estar sujeto a condición alguna lo que a ellos les ilusiona, ya hablemos de regalos o de ir a la cabalgata.

Otro de los aspectos que componen su ilusión en las fiestas de Navidad es el tiempo; algo que la industria comercial está llevando al límite. Si hablamos de Navidad y de la llegada de Papa Noel o los Reyes Magos desde Junio, ¿crees que los niños vivirían 6 meses con la ilusión que muestran en diciembre? No, la respuesta es no. La ilusión necesita un tiempo determinado; si me quedo corto o me paso pierde su efecto.

Si no dejamos espacio de tiempo suficiente a la mente para que pueda imaginar o crear una idea de regalo deseado por lo que la ilusión directamente no aparecerá. Si nos pasamos de tiempo, la primera vez que lo escuche mi mente fantaseará y tratará de sonsacar información para calmar ese torrente de energía que acompaña a la ilusión. Como el nivel de energía en una ilusión es muy elevado cuando la mente siente que no puede resolver esa duda o inquietud directamente deja de prestarle atención o de no hacerlo transforma esa energía en una emoción bien distinta: la frustración.

¿Cómo afectan los regalos a su ilusión?

Un exceso de regalos produce sobreexposición; la mente solo piensa y desea saber que habrá en el siguiente paquete; está diseñada para encontrar respuestas y soluciones por lo que desviará la ilusión y disfrute del regalo que está abriendo al siguiente; llegando a no disfrutar realmente ningún regalo.

Es decir, su mente está tan centrada en saber qué más le han traído que no valora ni presta atención al regalo que tiene entre las manos.

Se le ha puesto un nombre a este suceso; se trata del Síndrome del Niño Hiper-regalado. Por eso tanto psicólogos y pediatras sugieren poner un límite en la cantidad de regalos que recibe un niño. Lo mejor; hacerlo a la hora de escribir la carta y hablarlo previamente con todos los familiares para que todos den el mismo mensaje.

Además, si ponemos mucho el foco en los regalos que tienen o que van a recibir podemos dañar su autoestima pues van a identificarse más con lo que tienen que con lo que son por sí mismos.

Un buen ejemplo sería que dieran alguno de sus juguetes actuales a niños que no tienen nada; pues el acto de desprenderse y de provocar ilusión en quién lo recibe les pone el foco en los valores que trata de promover esta festividad y los aleja algo del consumismo y el tener por tener.

¿Cómo proteger su ilusión en estas fiestas?

La clave está en gestionar sus expectativas; explicarles la cantidad de regalos que pueden traer; si cada Rey Mago por ejemplo es especialista en un tipo de regalo concreto: por ejemplo decir que Melchor solo trae libros a los niños porque le encanta leer. Aunque en realidad la necesidad de justificarlo o adornarlo muchas veces viene de los propios padres, los niños si desde siempre han conocido que abren 3 regalos en total; lo toman como lo natural sin hacer preguntas.

Es importante saber que necesitamos marcar esos limites pues hasta que no tienen 9 o 10 años, la mente de los niños no está capacitada para elegir entre tanta diversidad y oferta. Otro beneficio adicional de limitar el numero de regalos es el entrenamiento que hacer los niños de su sistema de toma de decisiones. Cuando deben elegir un regalo en lugar de otro; ponen su mente a trabajar y pensar en lo que ellos valoran más y eso les permitirá tomar decisiones cuando sean adultos de forma más acertada.

Cuando desean varias cosas con la misma intensidad se puede recordar que hay regalos en su cumpleaños por ejemplo; para que sientan que no pierden un regalo sino que deciden recibirlo más adelante. Si lo siguen deseando cuando llegue su cumpleaños deberemos respetar su deseo y comprarlo si lo acordamos así; pues está en juego su confianza en nuestra palabra.

Y como no podía ser de otro modo; siendo su ejemplo. Mostrarnos ilusionados simplemente al decorar el árbol. Señalar lo feliz que nos hace estar horneando galletas mostrándoles esa emoción activará sus neuronas espejo ayudándoles a sentir esa misma ilusión y haciendo que su cerebro asocie estar ilusionado con otros componentes de la festividad de la Navidad reduciendo el foco de atención sobre los regalos.