Más de 40 premios de piano

Cuántas veces admiramos los logros ajenos que suceden en otros países sin mirar antes a nuestro alrededor. Y de ser así, nos cuesta reconocer el éxito del vecino, preferimos elogiar a un desconocido de Wyoming que a nuestra vecina de Fuenlabrada. ¿Tendrá que ver con nuestra idiosincrasia? ¿Con nuestra naturaleza Española?… No lo sé pero se merece un estudio.

Les cuento esto porque el otro día por casualidad conocí a la madre de los Hermanos Aracil, y me quedé maravillada. Cristina y Carlos Aracil, 14 y 11 años respectivamente, son originarios de Orihuela, un pueblo de Alicante. Esto no tendría nada de novedoso pues niños nacen en todos los pueblos, pero lo que sí es digno de mencionar es que tocan el piano desde los 5 años y a sus edades acumulan, entre los dos, más de 40 premios, tanto nacionales como internacionales, participando en diferentes concursos en su categoría por ciudades y capitales del mundo; Bucarest, Alicante, Nueva York, Marbella, Viena, Huesca, Madrid, Valencia, Italia…  


¿Ustedes habían oído hablar de ellos? Pues yo reconozco desde mi humilde ignorancia que hasta el otro día no he leído una reseña en los periódicos, ni los vi en TV, ni escuché en la radio que les entregaban un premio, ni subvenciones, ni ayuda, es más me informan, como suele ocurrir con grandes estrellas de nuestras artes, que son más conocidos en el extranjero que aquí en España.

         Así que quise conocerlos y saber más de Cristina y Carlos. Porque lo más curiosos es que ni sus padres ni nadie de su familia se han dedicado a la música ni entienden de música. Si es verdad que Encarni, su madre, ya en el embarazo ponía música sobre su vientre y Paco, el padre, nos cuenta que a Cristina de bebé le llamaba la atención los juguetes con sonidos musicales. Un comportamiento normal que hemos vivido muchos padres, sin llegar a imaginar que teníamos un pequeño Mozart en casa. Esa fue la gran sorpresa para Encarni y Paco según iban creciendo sus hijos. Cristina de muy pequeña tuvo un teclado luminoso que de tanto tocar rompió, y reclamaba otro, hasta que finalmente con 5 años empezó a recibir clases particulares de Piano hasta poder entrar en el Conservatorio a los 8 años. Y su hermano Carlos creció oyendo a su hermana tocar el Piano y también le gustó, siguiendo sus pasos.

Cristina tiene una madurez inusual para su edad sin haber perdido la frescura de la niñez. Carlos más activo, siente curiosidad por todo.   Cristina “me gusta tocar el piano con las ventanas abiertas, sentir que estoy rodeada de la naturaleza. De verdad, a veces, se acercan los pájaros y se quedan quietos en los árboles mientras toco el piano”– termina de contar muy sonriente. Los dos tienen claro que es fundamental tener el apoyo de sus padres

“Yo les diría a los niños que si tienen una pasión por la música por el deporte, que lo persigan y a los padres les diría que ayuden a sus hijos, que les den libertad para elegir sus sueños, porque les hace feliz” contesta Carlos absolutamente convencido.  

Los padres vieron como Cristina desde niña utilizaba las dos manos para hacer todo, cogía el tenedor con una mano y la cuchara con otra… pero a la vez. Y ellos nunca la corrigieron, no la forzaron a ser diestra, aún contraviniendo el criterio de los profesores.

Nos cuenta Cristina lo importante de practicar y practicar, como en cualquier arte, para ejercitar la memoria muscular de las manos.   

Cristina; tocamos todos los días, después del cole. Mínimo, si no tenemos concierto, 1 hora y media.

Carlos “me gusta mucho cuando viajamos a otros países a los conciertos. Mi ciudad favorita es Berlín”.

Cristina “Yo prefiero Viena”

Cristina “Cuando salgo al escenario y empiezo a tocar me olvido de todo, y sólo veo el piano y lo que siento al tocar. Para mí lo más importante cuando toco es conseguir llegar al público y emocionarles con tu interpretación. ”

Carlos – muy simpático nos cuenta ”yo en clase cuando mis compañeros se despistan les quito el Regatón y pongo música clásica. Y todos protestan” — dice riéndose.

Hacéis Conciertos a cuatro manos, y ahí ¿Quién es el que manda ?… ¿Hay peleas?

Carlos; A veces… –mira de reojo a su hermana.

Cristina; La que dirijo soy yo porque tengo más experiencia y él me tiene que seguir. — Carlos asiente sonriendo picaramente, tiene claro cual es su lugar. 

Cristina sueña con irse fuera, a Viena, a aprender y seguir creciendo con grandes maestros e interpretar. Carlos, que además del piano, se está iniciando en el órgano, sueña con ser director de Orquesta…tal vez en Berlín, su ciudad favorita.