Para que un cumpleaños alegre el corazón de los hijos no depende tanto de dónde y cómo se celebre sino de qué valores y estilo de vida mueven esa celebración.

Al celebrar un cumpleaños recordamos un momento especial; “el día en que naciste y estamos felices por estar entre nosotros: es maravilloso que tú exista”… Estamos alegres, queremos compartir nuestro cariño y manifestarle nuestro afecto.
Para esto, nos ayudamos de detalles, símbolos y rituales, que pueden ser de lo más entrañables y caseros como la tarta con velas, o de lo más extraordinario y majestuoso como alquilar un parque temático por una tarde, ¿Es mejor símbolo el segundo por ser más caro? Todo dependerá de la virtud con que se haga y el amor que lo sostenga… pero lo que suele haber detrás de los grandes despilfarro, no es un amor inmenso: “cariño, tu te lo mereces todo”, sino sentimiento de culpa por no dedicar de ordinario el tiempo que me gustaría o una forma de compensar ciertos problemas surgidos en el seno de la familia, comodidad, vanidad, o sencillamente inmadurez afectiva.
Por tanto, no depende tanto de gastar más o menos, de hacerlo fuera o dentro de casa, de invitar a muchos o a pocos… Lo importante es que la celebración sea una expresión de alegría compartida.

“Cumpleaños Comercial” Celebración Auténtica
Protagonismo a la abundancia material: payasos, piscina de bolas, regalos desorbitados, manjares, locales de moda, niños despóticos ante la servidumbre, muchedumbres complacientes (aunque luego se meten en la piscina de bolas y terminan pasando del celebrante)… Protagonismo a la abundancia interior: la bondad, el servicio al invitado, el amor, la belleza, la sencillez, la comprensión, la comunicación….  
Mueve a la euforia: sensación de bienestar y alegría producida mediante estímulos externos Mueve al entusiasmo: también es una forma de vivir de forma apasionada pero no depende de los estímulos exteriores, sino de la propia riqueza interior. Literalmente, entusiasmo significa “el Dios (énthus) dentro (iasmós)”.
El acontecimiento es una excusa para “alegrarse”. El cumpleaños es el motivo de alegría
La celebración desgasta La celebración recarga
Cualquier contratiempo “arruina” la fiesta. Como hay amor, los contratiempos se comprender y se perdonan.
Los padres se dejan llevar por la Inercia, la moda Los padres marcan un ritmo, son creativos y defienden sus tradiciones,
Debilidad ante los caprichos de los hijo y dependencia de lo que piensen los demás. Reflexión, intención educativa, autoexigencia.

AYÚDALE A DESCUBRIR EN QUÉ CONSISTE UNA AUTÉNTICA CELEBRACIÓN

Si la organización de un cumpleaños nace de buscar lo fácil: “es lo que hacen todos, es lo que está de moda”, o el lucimiento personal: «¿qué van a pensar los demás padres?», o la incertidumbre de lo que pueda ocurrir a nuestro hijo si no lo hacemos: «Se va a a sentir inferior a sus compañeros»… Si va a despertar envidias o resentimientos, si moverá al egoísmo, la sensualidad, la vanidad, la egolatría, la glotonería… Entonces, es recomendable rectificar y buscar formas más enriquecedoras. Con un poco de previsión y posterior reflexión, cada año los cumpleaños irán saliendo mucho mejor.
Algunos niños parecen generosos por su afán de dar a sus amiguitos pero en realidad, lo hacen para recibir correspondencia, aceptación, valoración… No es conveniente que su aprendizaje sea que las celebraciones son una inversión en relaciones de la que se sacan intereses. Podría ocurrir que aprenda esa filosofía como base en sus relaciones y se estaría perdiendo lo mejor: la auténtica amistad.
Si unos padres por temor a que sus hijos puedan quedarse fuera del circuito, entran en la espiral de magna celebraciones, es fácil que transmitan una serie de contravalores inconscientemente: por ejemplo, “lo importante es aparentar aunque resulte asfixiante económica y socialmente”, “lo que vale la pena, se consigue con dinero”…
El obsequio es parte de ese conjunto de detalles, símbolos y rituales que materializar el fondo, pero tendrá más valor cuando sea fruto de la generosidad personal, de un tiempo de elaboración, de un esfuerzo y no sin más, de la cuenta corriente de los padres… Está claro que no hay que hacer cosas raras, pero las familias pueden hablar y crear una cultura de regalos humanos, sencillos, creativos, desde el cariño, por el esfuerzo del niño que se lo regala a su amigo, y no sin más, de la cuenta corriente de los padres…

LO HACEMOS A LO GRANDE PORQUE LE QUEREMOS

Todos los padres lo hacen por amor pero en algunos casos ese amor, en vez de buscar el crecimiento personal y el enriquecimiento interior de los hijos, los idolatran como semidioses, transmitiendoles un mensaje equivocado que entorpece su desarrollo y empobrece su auténtico valor.
En ocasiones, detrás de esos homenajes colosales puede haber un intento de compensar las propias carencias como padres; más que el amor, les mueve un sentimiento de culpa, que habrá que afrontar de otro modo, pues tratar de compensar lo único que hace es agravar el sentimiento.

También puede suceder que, sencillamente, los padres se sienten superados por la vida y toman la calle de enmedio, y por evitar las temidas reacciones del hijo, hacen lo que sea necesario. Incluso existen quienes montan grandes fiestas para quedar bien ante los demás padres; por dejar claro cierto estatus socioeconómico, por no pasar por “raros”, e incluso se sustentan en teorías educativas basadas en la economía, «es necesario hacer networking».

“PERO NO TENGO TIEMPO, NI ESPACIO… NI FUERZAS PARA ORGANIZARLO YO TODO”

No depende tanto de dónde y cómo se organice sino de qué valores y estilo de vida mueven esa organización. Hay formas de celebrar que puede vivirse con diferentes espíritus, pero otras sólo responden a unos determinados valores. Cada cual tendrá que ver y decidir lo que realmente quiere vivir.
“No tengo tiempo, ni espacio, ni fuerzas”, es una reflexión que hace uno cuando tiene el evento encima pero si con previsión se piensan alternativas y las familias hablan, se puede organizar todo el año, las familias se conocen mejor y se pasa una buena tarde.

  • Se puede hacer uso de lugares públicos donde los niños pueden correr y jugar, merendar y tomar la tarta. Incluso se puede hablar con el centro educativo y ver la posibilidad de usar sus instalaciones. Además, si se decide por todos, se acabaron las comparaciones.
  • Puede hablarse con el propio centro escolar y contar con sus instalaciones. Incluso se puede ver el modo de contar con alumnos mayores que pudieran ayudar y se sacan un dinerillo para su viaje de fin de curso, siempre más económico que alquilar un local y se ayuda doblemente a esos estudiantes mayores, por la ayuda económica y el darles la oportunidad de contribuir a la comunidad. Tus hijos cuando crezcan podrán seguir con la tradición
  • Con respecto al número de invitados dependerá de la edad y los contextos, pero es bueno que poco a poco solo se vaya invitando a los amigos más reales. Lo que sugiero es que en esa reunión de las familias, se vea que compañeros del grupo van a ir a cada cumpleaños y así, si se ve que alguno se queda un poco descolgado se cuenta con el en algunos de los cumpleaños, que todos vayan a varios pero de aquellos que sean sus amigos o de compañeros que les traten bien.
  • Es comprensible que el agotamiento del trabajo y tantas otras tareas te deje sin fuerzas para organizar el cumpleaños pero si lo haces, será mejor que no pierdas el valor educativo de la celebración. Una forma de solucionar la falta de fuerzas, es unir fuerzas. A veces, el unir en los cumpleaños de mes, puede ser la solución, así se logra que los niños que por motivos disfuncionales de su familia no celebran, tengan también su cumpleaño.
  • Otra alternativa a la falta de fuerzas es no montar fiesta con invitados y concentrar la celebración con algunos detalles en la intimidad. Que tu hijo sienta que para sus padres es importante, ya es una gran cosa.

UNA SOLUCIÓN COMPARTIDA

Una solución menos costosa sería que los padres de un mismo entorno; ya sea la clase, el vecindario o un club deportivo, se reunan y expongan sus propuestas para crear un entorno de sencillez, orden, sobriedad y auténtica amistad en torno a la celebración de cumpleaños. En el peor de los casos, cada familia podrá exponer su postura ante este tipo de eventos y a la hora de actuar, cada cual sabrá porqué lo hace, sin pensar mal de nadie, evitando presiones y favoreciendo el respeto mutuo. No obstante, lo más seguro es que se llegue a soluciones compartidas que reduzcan los gastos, faciliten la vida a los padres, mejore las relaciones y enriquezca interiormente a los hijos.

EL CUMPLEAÑOS COMO EXPERIENCIA EDUCATIVA

Lo fundamental es que el hijo en su cumpleaños no tenga la sensación de rey por un día, sino de anfitrión al servicio de sus invitados.

Procura que cuiden las buenas maneras. Será más fácil si eso se vive desde el principio, cuando son pequeños. Pasárselo bien no implica romper, hacer gamberradas, mezclar bebidas y comidas, dejarlo todo tirado, reírse de los demás. Es bueno que todos los participantes conozcan las reglas del cumpleaños y exigirlas no tiene que ser un motivo de aguar la fiesta, sino que precisamente será la forma de que nadie la estropee por descontrol, insensibilidad, falta de empatía o falta de respeto. Todo esto sale mejor cuando los padres pueden hablar, pero siempre con delicadeza y desde la amistad, si no mejor, dejar pasar las cosas y explicarle bien al propio hijo.

Los regalos es un ámbito importante en la educación. Si es posible, acordar con las familias que sean regalos modestos. Y si se aprecia un exceso, puede ser recomendable decir al hijo «elige tres y los demás vamos a regalarlos a Caritas para niños que no tienen regalos». Por supuesto, si un regalo es un smartphone, un juego de la Play o algo que los padres regulan, la regulación sigue vigente. Quien educa a los hijos, y quienes tendrán que aguantar su buena o mala educación, son sus padres y no quienes agasajan, aunque sea su abuelo.

Durante los cumpleaños se aprecian ciertas actitudes que convendrá reconducir en la educación de los niños:

a) “El cabecilla”. Es un niño con gran poder de decisión que con sus ideas arrastra a los demás y a veces dificulta el adecuado protagonismo del celebrante o rivaliza con él. Correctamente inducido puede ayudar mucho al éxito de la fiesta.
b) “El caprichoso”. Se obsesiona con lo que le apetece y no quiere jugar a otra cosa. Se enfada si no se cumplen sus deseos y se niega rotundamente a jugar a lo que dicen los demás. Puede sabotear el cumpleaños pero bien llevado se puede integrar.
c) “El timidillo”. Tiende al aislamiento y se muestra apático para jugar. Necesita ser muy estimulado. Lo importante es lograr que juegue.
d) “El sectario”. Evita relacionarse con los que no son como él o con quienes no conoce bien. Es bueno ayudarle a que se abra a todos.
e) “El gracioso”. Le gusta llamar la atención y es capaz de hacer cualquier gansada para lograrlo. Si se le reorienta, podrá contribuir a la alegría de la celebración con sus salidas ingeniosas y buen humor.
f) “El quejoso”. Nunca está de acuerdo con nada y siempre desvaloriza lo que otros hacen, dicen y ofrecen. Conviene ayudarle a caer en la cuenta y que se fije en cosas positivas y buenas.
g) “El destructivo”. No habla; chilla y gusta de manoseo físico y los empujones. Tiende a romper situaciones, presentaciones, dinámicas con gracias pesadas y de mal gusto. Si se le conoce, es bueno inducirle antes de entrar en el cumpleaños para que se ajuste a las normas y si no es capaz, conviene que padezca las consecuencias de forma inmediata.