Seguro que se ha preguntado alguna vez como poner límites y normas en la educación de sus hijos, pero como padres, ¿tenemos los límites claros?

Es indiscutible que una buena educación debe ir acompañada de amor, cuidados y respeto. Ahora me gustaría que se preguntara si en ocasiones chantajea, amenaza, castiga, grita, coacciona o condiciona a su hijo. ¿Cuántas frases con las que se dirige a su hijo son imperativas y llevan un “no”?, ¿se agacha para ponerse a su altura y le mira a sus ojos cuando se comunica con él?, ¿lo hace de forma amable y con dulzura?, ¿tiene sentido la petición que le hace en términos de edad y capacidad?,… Muy probablemente quizás acabe de tomar conciencia de que esa persona que quiere tanto no reciba de usted todo el respeto y atención que se merece. ¿Hay otra forma de educar?.

La respuesta es sí, siguiendo una crianza respetuosa y consciente; acompañándolos, escuchándolos verdaderamente, sin juicio y desde la observación, reconociendo la individualidad de cada niño, aceptándolos tal y como son, con absoluta presencia y consciencia.

Ante los conflictos…

Hay que confiar más en la naturaleza y en las herramientas con las que previamente ha dotado a sus hijos, que deben ser numerosas y valiosas. Es decir, como en la salud, vale más prevenir que curar. Puedo enseñar mediante cuentos u otros supuestos acerca del respeto a los demás y al cuerpo. Puedo enseñar a resolver situaciones o a pedir ayuda cuando se sientan bloqueados a la persona más indicada. Puedo enseñar a expresar sentimientos y necesidades. En definitiva, a decir lo que le gusta o no en cualquier situación, y a defenderse en caso de agresión. De esta manera cuando se genera el conflicto el niñ@ puede generar una respuesta creativa a cada situación con la que pueda sentirse mejor.

Pero enseñar esto no tiene por qué ser dirigiendo o manipulando, se trata de fomentar, no de forzar. De observar e interactuar antes que intervenir, lo cual requiere de un trabajo personal trascendental.

Otra cosa que a los padres muchas veces nos cuesta entender es que el espacio temporal para los niños no es el mismo que para nosotros. Es decir, hablar de un conflicto pasadas unas horas o días a un niñ@, o aplicar un castigo tras unos días, puede ser complicado para su comprensión, ya que son dueños de un presente amplificado que domina sobre todo su ser. Se trata de intervenir si es necesario, antes o en el momento, ayudándoles a comprender una situación in situ en términos de sentimientos y necesidades. Si en juicios se ha demostrado que los testigos inventan detalles de lo acontecido, que no podemos esperar de niños con la fantasía e imaginación que les caracteriza a estas edades.

Otro error en el que incurrimos habitualmente es pensar que puedan estar manipulándonos con lloros en múltiples situaciones. Si seguimos la evidencia científica de la psicología evolutiva no es hasta los 6-7 años que los niños pueden llegar cognitivamente a generar una manipulación. Previo a esto lo que tenemos son necesidades de los infantes que no saben cómo expresar o que no entienden, explosiones emocionales debidas a una acumulación de incomprensiones, desatenciones, carencias o necesidades no resueltas.

Por otro lado, lo que hay que tener muy en cuenta que somos ejemplos a imitar y a edades tempranas, el primer septenio, somos su modelo, junto con educadores y compañeros. Es importante que sepamos que los niños tienden a aprender entre los que respetan y admiran más, a quién les respeta y admira más a ellos. Es por esto que los padres necesitamos hacer todo un trabajo personal, de introspección y de aceptación. Dejando el temor a la pérdida de autoridad y siendo más flexibles cognitivamente hablando.

En el juego…

Hay que preguntarse ¿la casa es un espacio preparado para el niñ@ o para mí?, ¿cuántas veces al día interrumpo su juego?. 

Es de vital importancia fomentar el juego libre, el movimiento, y el contacto con la naturaleza. Con recursos relacionados con la fantasía o con la realidad sin más. Trabajar el error como aprendizaje y respetar el ritmo natural del niñ@, creando ambientes preparados que cuiden la ilusión y la alegría. Esto requiere por parte del adulto un trabajo de autoconocimiento y desprogramación significativo.

Desde la educación consciente los padres y los educadores se convierten en acompañantes ejemplares y facilitadores de un desarrollo en el niño en todas sus dimensiones: física, cognitiva, emocional y espiritual, durante su proceso evolutivo. Promoviendo su libertad, espíritu crítico, creatividad, autorregulación, y autonomía, Enseñándoles y aprendiendo a vivir de forma consciente en conexión con su ser.

Finalmente, y para reflexionar sobre los límites de exigencia que a veces los adultos nos ponemos a nosotros mismos en la crianza cabe preguntarse: ¿busco y respeto también mis necesidades como las de mi hij@?, ¿me exijo demasiado en la crianza?, ¿me doy derecho a tener miedos, dudas, confusión y tiempo para mejorar?