Seguro que nos hemos planteado la educación del carácter, bien de nuestros alumnos o de nuestros hijos, como una de nuestras prioridades, ya que es un elemento esencial para el desarrollo personal, para lo que llegarán a ser, para cómo afrontarán las diversas situaciones a lo largo de su vida

Para hablar sobre ello, necesitamos antes definirlo.

Carácter: conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás[1]

Depende de la educación recibida y de las decisiones que cada uno vamos tomando a lo largo de nuestra vida. Es necesario un esfuerzo personal para mejorar nuestro carácter, por lo que la frase “son cosas de su carácter” nos lleva a aceptar a las personas como son, y, al mismo tiempo, a apoyarles para que vayan modelando, madurando ese carácter, que repercutirá en su bienestar y felicidad.

La educación del carácter va unida al desarrollo de la inteligencia y de la voluntad, porque la inteligencia facilita que se entiendan los objetivos, principios con claridad y, consecuentemente, la voluntad, asociada a la libertad personal, de dirija a ellos más fácilmente. Por eso consideramos que una persona tiene carácter cuando su voluntad se aplica en una dirección correcta, independientemente de lo que digan los demás o las modas del momento, actuando libremente

Los educadores nos tendremos que plantear cuáles son esos principios, ese marco de referencia, que queremos transmitir a nuestros alumnos, cómo los vamos a transmitir para que los comprendan y los interioricen, los hagan suyos, y así actúen atendiendo a ellos. Todo esto lleva a reforzar el carácter

¿Cómo transmitir estos principios?

Principalmente con nuestra propia vida, con nuestro modo de actuar. Las palabras se las lleva el viento, pero esas referencias, que comunicamos con nuestro modo de actuar, quedan impresas en la mente de nuestros alumnos, pasando a formar parte de su marco de referencia

En los centros educativos hemos de proporcionar un ambiente positivo, un aprendizaje servicio, una actitud constructiva, un entorno de compañerismo y confianza mutua, …

A continuación se proponen algunos ejemplos

Ejemplos concretos

  • Ante los errores, reconocerlos y determinar estrategias para no volverlos a cometer.
    • Esto nos ayuda a todos a reflexionar y a responsabilizarnos de nuestros actos.
    • Un alumno de Primaria tiene capacidad para analizar una actividad/actitud personal (por ejemplo, en el partido de futbol ha pasado en muy pocas ocasiones el balón a sus compañeros), para reflexionar/proponer alternativas y, a continuación, marcarse un plan de acción, que fomenta la creatividad
    • Con esto estamos facilitando desarrollar su sentido crítico, la capacidad de reflexionar y analizar sus propias acciones y, como consecuencia, responsabilizarse, reconociendo que las acciones tienen sus consecuencias en cada uno de nosotros y en el grupo. Esto le llevará a pensar cómo actuar la próxima vez
    • Esto, indudablemente, supone una actitud, por parte de los profesores / padres, que deberá ser adoptado y adaptado a cada uno de los alumnos
  • Aprendemos de lo que hacemos bien y de lo que hacemos mal
    • La autoestima (valoración que cada uno hacemos de nosotros mismos) nos ayuda a relacionarnos con los demás y a superarnos personalmente
    • Una alumna tiene como encargo distribuir los cuadernos a sus compañeros. Cada día realiza su encargo con exactitud, le gusta y ha comprendido que cada uno colabora con el grupo desempeñando su encargo. El profesor reconoce tanto a ella personalmente, como en el grupo el buen trabajo realizado por dicha alumna.
    • Esto favorece su autoestima, pues se ve reconocida y valorada positivamente y va identificando sus habilidades, sus logros
    • Esta misma alumna en cuanto se le dice no a algo, llora, probablemente porque a través del llanto en casa consigue todo. El profesor le facilitara que reconozca sus errores, sin incurrir en juicios de valor, y el modo de superarlos (análisis, reflexión, plan de acción). Si sólo realizamos una valoración positiva en los alumnos, contribuiremos a que sean unos déspotas y no reconozcan sus limitaciones, ni acepten las de los demás.

[1] Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.a ed.). Consultado en https://dle.rae.es/