Como padres conscientes, un área de desarrollo en la que es importante ayudar a nuestros hijos a ser libres es el área financiera.

La libertad financiera es un estado que se alcanza cuando las personas han desarrollado dos aspectos en su vida. El primero es saber generar dinero, lo que tiene que ver con su vida profesional. El segundo es saber qué hacer con el dinero que son capaces de ganar, lo que tiene que ver con la gestión financiera.

Aprender a ganar dinero te aporta confianza financiera, es decir, que pase lo que pase en tu vida, por ejemplo, un despido, sabrás salir adelante profesionalmente. Aprender a gestionar ese dinero te aporta calma financiera porque, pase lo que pase ante ese despido, disfrutarás de una situación de protección hasta que vuelvas a generar los ingresos que necesitas. La relación entre ambos es lo que te permite ser libre ya que dejas de vivir al límite de tu capacidad de respuesta sino que, además, te facilita el aumentar el nivel de bienestar en los demás aspectos de tu vida.

Habitualmente, centramos un gran nivel de atención y recursos en que suceda lo primero con la esperanza de que nuestros hijos hagan bien lo segundo. Por esta razón dedicamos poco o ningún esfuerzo a ello.

Un aspecto fundamental a la hora de analizar cómo educamos a nuestros hijos en este sentido es observar cuál es el patrón mental que tenemos en relación con el dinero: ¿es de abundancia? o ¿es de escasez?

Date cuenta de que, igual que aprenden de tu ejemplo en otros aspectos, en las finanzas no es diferente: si tienes un patrón de abundancia ellos absorberán un patrón de abundancia y, viceversa, si les inculcas un modelo de escasez ellos desarrollarán una mentalidad de escasez.

¿Cómo hacer que vivan en la abundancia? Sencillo, enseñándoles a generar dinero y, a la vez, enseñarles a administrar sus finanzas. Si no sabes tendrás que aprender.

Vamos a analizar diferentes escenarios posibles en relación con la capacidad de administrar lo que ganan. Suponemos que la capacidad de generar ingresos está bien asentada.

Hay dos posibilidades: partimos de la idea de que vivimos en un mundo de abundancia y está disponible para todo el mundo o, por el contrario, nuestra puesta en escena ante la riqueza es que es un bien escaso, solo accesible para unos pocos.

Una persona con alta confianza financiera dentro de un mundo de escasez se va a encontrar con la paradoja de que, gane lo que gane, nunca ganará lo suficiente porque siempre tendrá miedo de la escasez. Entonces, trabajará y trabajará sin descanso para asegurar su bienestar futuro. Y, al mismo tiempo que lo gana, lo gastará para demostrarse que vive en la abundancia, aunque en la mente subconsciente no sea cierto. Esta persona vivirá con confianza, pero sin calma financiera. Es decir, se morirán sudando la camiseta o pobre como las ratas una vez se jubile.

También puede pasar lo contrario, que lo guarde sin disfrutarlo. Vivirá en la máxima austeridad para dejar una golosa herencia a sus allegados. Curiosa paradoja.

Veámos qué pasa si los educamos en un mundo de abundancia. La enseñanza del esfuerzo es la misma pero ahora, saben que la riqueza es algo positivo y que está a su alcance, ¡la pueden disfrutar sin reservas!

Ante su confianza financiera generan ingresos y, teniendo en cuenta la variable de la calma financiera, puede suceder que o no hayan aprendido a gestionar su dinero o que si lo hayan hecho.

Si no saben vivir con calma financiera y tienen dinero, éste será despilfarrado. Este tipo de personas viven por encima de sus posibilidades en la idea de que más dinero vendrá a sus manos, así que cuanto más ganan más aumentan sus gastos. Al final acaban endeudados en función de su confianza financiera, pero con bajo o nulo nivel de tranquilidad. Viven para pagar.

¿Y si supieran generar esta calma financiera? La vida sería completamente diferente. Nuestros hijos, en su adultez, sabrán ganar dinero y sabrán administrarlo para generar bienestar durante toda su vida y, en el mejor de los casos, de sus herederos.

El momento de iniciarlos en este desarrollo comienza cuando les damos una paga o reciben regalos de sus abuelos o tíos. Al margen de los regalos, la paga que se les da desarrolla su confianza financiera. Tiene que ser el fruto de su contribución a la familia, del valor que aportan aunque sea porque asumen sus tareas de la casa como es el orden en sus habitaciones, el sacar la basura, pasear al perro, lavar el coche o lo que sea. Y, también, de los vecinos, ¿por qué no? Si quieren dinero tendrán que aportar valor a alguien.

¿Y qué harán con su dinero? Sencillo:

  • Una parte la dotarán a un fondo limitado para emergencias, tener 50 euros disponibles en efectivo para lo que pueda surgir. Por ejemplo, si se descuidan y pierden un libro del colegio, tendrán que comprarlo con esta partida.
  • Otra parte, la ahorrarán para invertir, sí, sí, para invertir, en lo que quiera que sea. Hay que enseñar a los niños a no endeudarse y, por el contrario, que el ahorro previo para adquirir bienes es lo adecuado. El objetivo es que se acostumbren a comprar al contado todo lo más que puedan. Si quieren un ordenador, nunca se lo damos a cuenta, les ayudamos a ahorrar con lo que van ganando y ahorrando con su esfuerzo y, una vez tengan el dinero, lo invierten en el ordenador. Evidentemente, hay que tener cierta flexibilidad para no abrumarlos y negociar con ellos.
  • Otra, la podrán usar para contribuir al bienestar de su entorno, como es el hecho de donar alguna parte a alguna ONG o ayudar a sus hermanos, o a alguien que necesite ayuda de verdad. Fomentarás la compasión y la gratitud por ser abundantes.
  • Y el resto será para sus gastos corrientes. En cuanto gaste esta cantidad no podrá usar, bajo ningún concepto, las otras partidas. No se les adelanta la paga ya que eso es endeudarse a futuro. Si quieren dinero a ganarlo, despierta su confianza.

Evidentemente, son directrices orientativas. Lo que es imprescindible es asumir la responsabilidad que, como padres conscientes, tenemos a la hora de educar a nuestros hijos.

Si quieres aprender cómo hacerlo hay múltiples opciones. A mí, una que me gusta, es la que propone Silvia Llorens en su programa de calma financiera para niños, en el que te muestra cómo educar a tus hijos a gestionar la abundancia.

También puedes leer un libro o dárselo a leer a tus hijos si ya son adolescentes que se titula “El hombre más rico de Babilonia” de George Clason que es un clásico y un bestseller internacional que, desde mi punto de vista, todo el mundo debería leer.

Para finalizar, te aporto otras ideas para reflexionar sobre tu patrón de abundancia.

  • Piensa a más largo plazo. Las personas más ricas de nuestra sociedad son las que tienen miras a más largo plazo.
  • Ahorra más y gasta menos. Piensa primero en ti, abre una cuenta, ahorra el 10% de tus ingresos brutos y nunca toques ese dinero.
  • Aprende a vivir dentro de tus posibilidades. La calma financiera reside en el margen entre tus ingresos y tus gastos.
  • Aprende a invertir con sabiduría. Nunca pierdas dinero. Invierte solo en lo que sabes. Invierte en ti mismo.
  • Simplifica tus finanzas al máximo para que nunca sean abrumadoras. Diseña un presupuesto que entiendas y haz un seguimiento periódico con indicadores claros y exactos.
  • Profundiza en estrategias que amplien la brecha entre tus ingresos y tus gastos, para que tu dinero crezca más y más.
  • Descubre y transforma todas las creencias limitantes sobre el dinero, la riqueza y la prosperidad.
  • Cada mes, ten una «semana sin gastos».
  • Enseña a tus hijos cómo se genera y se protege la riqueza, para que tengan el conocimiento que necesitan para crearla ellos mismos y no tengan que apoyarse en nosotros.
  • Hazte una simple pregunta antes de comprar o gastar dinero en CUALQUIER COSA: «¿Vale la pena el trabajo que me costó ganar este dinero?»
  •  Pon mucha más atención a tui dinero. El dinero es energía y si no aprendes a apreciarlo y honrarlo no puede llegar a tu vida o se va de tus manos.
  • Invierte tu tiempo y energía en aprender sobre la riqueza con lecturas, podcasts, entrevistas y seminarios de quienes ya son exitosos en general en su vida.
  • Si no sabes, asesórate para crear un plan financiero y compensar los años perdidos. Más vale tarde que nunca.