El ordenador de carne humana que parió una escuela zombi y luego devoró al profesor

Totalmente a propósito he titulado el post para invitar indistintamente a los fans del transhumanismo, del género de terror, y hasta del canibalismo (educativo) y el triperío crudo. [Si es solo por eso, ver al final]

El ordenador de carne humana es la metáfora con la que Sugata Mitra habla de la organización del Imperio Británico durante la época colonial, en su máximo apogeo en el siglo XIX. Con la Reina Victoria la pérfida Albión tenía territorios en todos los continentes. Era la pérfida globalización. Y consiguieron gobernarla toda.

Imaginemos una época en la que no es que no exista el email o el teléfono, es que ni siquiera hay comunicación directa entre la mayoría de las colonias con la metrópoli, no hablemos entre ellas. Las noticias, órdenes, leyes, cambios, etc. debían ser puestos por escrito (con tres copias en papel marfileño verjurado) y enviados en barco, y luego en bicicleta, yak, tren, rickshaw o lo que hubiese.

Entonces se creó esa organización monstruosa que fue la Administración Centralizada con su Burocracia nutrida por funcionarios, que efectivamente, funcionaban como una maquinaria engrasada. Las piezas de la maquinaria debían ser todas iguales para un óptimo rendimiento. Los esclavos no valían. Los locales no valían. Y entonces, ¿qué hicieron?

¡La escuela! Otra máquina bien engrasada para producir las piezas necesarias para la Administración. Todas iguales y con unos conocimientos muy precisos y suficientes para hacer cuentas y dar y recibir instrucciones por escrito (porque así era la comunicación entonces). Piezas idénticas entre sí, programadas para cumplir una tarea imperial, sustituibles e intercambiables. Una ingeniería eficaz y precisa, con la robustez de las instituciones victorianas, que ha llegado hasta hoy: el colegio tradicional. Heredado del colonialismo, copiado en todo el mundo en pos de la civilización moderna que simbolizaba Gran Bretaña.

El problema es, claro, que todo eso ya no existe. No hay una burocracia colonial que necesite individuos idénticos. Sin embargo, el colegio sigue produciéndolos, 300 años después, en modo zombi. Sin plantearse hasta el momento la finalidad, el cambio de escenario, las nuevas herramientas, la inutilidad de ciertos dogmas, el abandono de los alumnos a necesidades pasadas, sin proveerles para las actuales, no digamos ya las futuras. Ya no es necesario que los trabajadores calculen «de cabeza», ni conocer de memoria datos como capitales, banderas, ni siquiera escribir a mano. Por supuesto es recomendable, la cultura (historia de la creatividad) siempre adorna, la ciencia (historia de la curiosidad) nos define, y reducir la escuela a una mera preparación profesional es un error, pero es que es el error en el que nació.

Sugata Mitra fue el promotor de The Hole in the Wall en un poblado chabolista en Nueva Delhi, experimento de finales de los 90 con el que demostró que los niños son capaces de aprender del ambiente por sí solos, creando una corriente pedagógica en expansión (Minimally Invasive Education), que es el siguiente nivel de la autoeducación montessoriana. Ya hay más de 10000 SOLEs por el mundo.

El aprendizaje debería ser el producto de una autogestión de la educación por el alumno y por el grupo. Una serie de aventuras intelectuales. El papel del profesor, del adulto, el mediador como le llama Mitra, es plantear un problema, un misterio, un reto, hacer una pregunta que sea interesante, y luego solo observar y admirar. Permitir que el mecanismo humano del aprendizaje espontáneo surja sin obstáculos


[Si venías por tema zombi, gore y eso, te pongo un enlace, si no te gusta la casquería y el cachondeo, pues no pinches. ¡Gracias!]

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